El blanco como concepto

Las obras se insertan dentro de esta unión de épocas, estilos, siempre enmarcadas por la espiritualidad y la unión con el pasado; una reinterpretación personal de símbolos y signos nuevos que buscan integrarse entre aquellos ancestrales de la histórica iglesia.
Un trampantojo audiovisual guía la mirada del visitante hacia el corazón, tanto literal como metafórico, de la propuesta artística, reinterpretando los ejes espirituales de los lugares sagrados (templos) de las tres religiones que han convivido sucesivamente en el espacio expositivo.
Cada pieza se configura a través de una superposición de veladuras, a veces con delgadas capas de pintura, a veces con papeles traslúcidos entre los que asoma, transfigurado, lo real. Se tapan, se muestran y en muchas ocasiones se ensalzan formas o figuras que van apareciendo o escondiéndose a los ojos del espectador. Unas formas que se adentran en lo profundo de nuestra cultura, de nuestros recuerdos para que cada uno sienta la obra desde su pasado, desde su mirada o, por qué no, desde su propia espiritualidad.
Carmen Ruiz Gálvez










