En octubre del 2001, de viaje de bodas en Florencia, encontré un contenedor de escombros lleno de libros viejos. Después de un rato rebuscando, y de negociar con Carmen, solo me llevé uno: «A te, Sposa», una guía para recién casadas de una tal Anna Vertua Gentile, editado en Milán en 1925. Estaba en muy mal estado, y con el tiempo se fue deteriorando aun más. No se italiano, pero a veces lo ojeaba, más como objeto que como libro, tratando de descifrar alguna frase o disfrutando de la musicalidad y el ritmo de esas palabras incomprensibles. Desde el principio estuve dándole vueltas a trabajar con él como centro; pero hasta que no perdió casi todas las costuras y las páginas se separaron, no di con la manera de afrontarla. El punto de partida de la serie es una mirada transversal sobre una pareja. Una mirada externa, desde fuera, hacia lo privado. Una mirada furtiva, escondida. Mirar sin ser vistos. Como miraban los impresionistas a través de la lente. El encuadre fotográfico de Degas y sobre todo de Pierre Bonnard, explorando casi clandestinamente su ámbito más cercano. En su mirada, el camino entre lo público y lo privado es de dos direcciones, y se convierte en el punto de relación entre ambos.

Esta mirada clandestina, de voyeur, sobre el espacio doméstico , tiene su encaje en el ámbito de la casa (de la casa Sostoa), pudiendo explorar y desarrollar cada uno de los espacios de la misma como espacios expositivos. En “A te, Sposa”, cada uno de los capítulos glosa las necesarias virtudes y actitudes de las señoritas de buena familia para afrontar el matrimonio: “Difendi la tua casa”, “Difendi el tuo amore”, “Bene poco ricercato”, “Grazia”, “Le cose parlamo”……….., cada uno de estos capítulos con su título en tipografía art decó en página independiente. Fue cuando el libro se deshizo y estas páginas capitulares aparecieron independientes cuando esta serie empezó a tomar forma. Las páginas capitulares, descontextualizadas y enfrentadas a distintas imágenes, se abren a nuevas interpretaciones y toman nuevos significados. Texto e imagen se relacionan como dos realidades independientes o como dos planos de realidad, enlazados por un tercer elemento plástico: el oro, con toda su carga iconográfica y simbólica. Las relaciones de lo público y lo privado, lo social y lo doméstico, vertebradas a través de la descontextualización, o re contextualización, de sus páginas o de alguna de sus frases.
En un primer momento, las imágenes a las que se enfrentan son fotografías eróticas y pornográficas de principios de siglo XX, contemporáneas del propio libro. Cada epígrafe toma un sentido distinto y casi contrario al original. La página capitular queda en primer plano, en el plano público, mientras que la imagen que la acompaña aparece velada por un papel semitransparente que la esconde, situándola en el plano de lo privado, de lo puramente íntimo. Estas imágenes pornográficas se sitúan en el arranque conceptual del proyecto, pero paulatinamente van apareciendo imágenes de otras procedencias, desde la prensa a la historia del arte o a mi archivo fotográfico personal y a dibujos originales para esta obra. Las relaciones texto – imagen se amplían; se refuerzan a veces, se contradicen otras o se tornan definitivamente simbólicas. Lo íntimo se hace más íntimo; lo público también toma un carácter privado. Finalmente, la imagen se separa del texto para entrar en lo estrictamente privado. Desaparecen las páginas o son también veladas. El espectador, como el autor, se asoma furtivamente a lo más oculto, a lo íntimo; y lo íntimo es a veces críptico, indescifrable si no se conoce el código. Pero con una primera mirada no accederemos a estos códigos, y una parte de este mundo permanecerá inaccesible.
Manuel Enrique Balón Villar. Septiembre 2015.

